¡El oficio más bonito del mundo!

Hace poco un amigo me envío un mensaje por instagram al ver una historia que había subido sobre una escalada en el Picu Urriellu de los días anteriores: «El oficio más bonito del mundo decía un gabacho»
El no es guía, es montañero, alpinista y escalador de los que saben disfrutar de las actividades en montaña con sus amigos. En algunas ocasiones ha tenido de compañero de cordada a un guía que le ha ayudado a poder realizar alguna actividad y sabe bien de que va esto del guíado en actividades técnicas de montaña.
Sus palabras me hicieron reflexionar y aunque creo que ya las había oído antes, no paraba de pensar en que eso era exactamente lo que yo sentía mientras conducía y recordaba los momentos vividos los días anteriores con las personas a las que tuve la suerte de acompañar al Picu Urriellu y al Torre Cerredo y lo que había sentido.
No soy nuevo en esto y creo que desde la primera vez que pude acompañar a alguien como guía a realizar una actividad, he tenido esa sensación de que realmente estaba haciendo un trabajo tan bonito que no podía imaginar otra cosa que me fuese a llenar tanto a nivel personal y me hiciera sentir tan feliz como el poder acompañar y formar parte de los sueños o los retos de otras personas.
Ser guía no es fácil, no es un trabajo sencillo y requiere de un fuerte componente vocacional. Muchas veces ligado al romanticismo de las experiencias y las actividades en montaña y a la pasión con la que se viven.
Pero ser guía es algo tan bonito y especial como es convertirse en parte de la aventura y las vivencias de otras personas, muchas veces a las cuales no conoces y las cuales depositan en ti toda su confianza e ilusiones para que les ayudes a conseguir su cima soñada.
Ser guía es ser compañero de cordada, vivir una aventura, conocerte, hacer equipo y confiar el uno en el otro para que todo salga bien, podamos disfrutar de la actividad y que lo hagamos con seguridad. A mi gusta intentar que la experiencia sea completa y que las personas con las que me ato al otro lado de la cuerda se sientan a gusto y que puedan recordar para siempre con cariño esos momentos vividos en la montaña conmigo.
Todas las actividades son diferentes y especiales pero hay veces que conoces gente y vives experiencias que hacen que los recuerdes de manera especial o con mayor intensidad que otros. Y es eso lo que me paso con Rafa y Francine, una pareja encantadora de Zaragoza con la que viví una aventura inolvidable en Torre Cerredo y no por la actividad en sí sino por los momentos personales y la experiencia vivida.
Son dos personas veteranas, experimentadas y muy motivadas que siempre que pueden salen a hacer montaña, de echo esta actividad formaba parte de un reto personal que tienen de intentar subir todas las montañas más altas de todas las provincias de España. Ya llevan tiempo con el proyecto así que el Torre Cerredo estaba entre sus cimas pendientes como la más alta de Asturias.
Era un domingo en una primavera revuelta y más fría de lo habitual con una meteorología muy traicionera e inestable. Quedamos en Arenas de Cabrales y allí nos conocimos, repasamos materiales, protocolos de seguridad y nos subimos a Pandebano donde iniciamos la aproximación hasta Vega Urriellu donde haríamos noche. Esos ratos sirven para conocerte e interactuar a la vez que vas viendo y conociendo a las personas de cara a la actividad y como funcionan. Desde el primer momento vi clara su determinación y las ganas con las que afrontaban la actividad, a ritmo tranquilo fuimos subiendo y conociéndonos. Llegamos a la Vega y pudimos disfrutar de la cena y las charlas de refugio en un domingo tranquilo y con poca gente.
Nos levantamos pronto y comenzamos la aproximación al amanecer con toda la ropa ya que hacía un viento muy frío, poco a poco fuimos pasando por la brecha de los Cazadores, el collado de Arenera y ya veíamos nuestro objetivo al fondo. Íbamos despacio pero sin parar y disfrutando del espectáculo del amanecer en Picos de Europa con mar de nubes nos fuimos acercando a la base de la cara este, donde preparamos el material y ya encordados fuimos subiendo por las trepadas hacia las rampas intermedias que aún guardaban bastante nieve pero donde no tuvimos que usar piolet ni crampones.
Cuando llegamos a la escalada final, descansamos un rato y vimos como las nubes venían más rápido de lo previsto, así que sin perder tiempo escalamos los resaltes finales, la arista y pudimos hacer cima. Fueron momentos muy bonitos y Rafa y Francine se abrazaban emocionados y yo no podía dejar de ver las nubes negras que venían y su trayectoria, así que unas fotos rápidas y para abajo que el viento hacía desagradable la cima y el bocata y el descanso tendrían que esperar. Según íbamos bajando vimos como las nubes se alejaban más hacia el oeste y como descargaban buenas cortinas de agua a lo lejos. Habíamos librado una buena tormenta traicionera de medio día y ya estábamos de nuevo a salvo en la base de la pared. En ese momento nos relajamos y realmente empezamos a disfrutar de lo conseguido, nos comimos el bocadillo, bebimos, descansamos un rato y volvimos hasta Vega Urriellu sin haber visto a casi nadie en todo el día y habiendo vivido una experiencia y una aventura inolvidable. Como me dijo Rafa, empezaste con dos clientes y has terminado con dos amigos. La verdad es que en tan solo dos días puedes llegar a coger cariño a la gente y conocer personas extraordinarias como Rafa y Francine.
La actividad fue larga y terminó con la bajada al coche en Pandebano, nos despedimos en Arenas y volví conduciendo a casa donde el mensaje de mi amigo me hizo darme cuenta de que tengo el trabajo más bonito del mundo.









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